Política pública y emprendimiento: el reto del financiamiento

0
103

El emprendimiento y sus diferentes dimensiones han buscado ser conceptualizados en mayor medida por diferentes actores académicos y políticos a lo largo de la actual pandemia. Esta manifestación de la economía local y a escala, brinda datos cruciales para evidenciar su función en la generación de empleo, crecimiento económico y creación de diversos bienes y servicios.

A lo largo de nuestra región se encuentran diversas apuestas políticas que han buscado fortalecer un ecosistema emprendedor que contribuya a la generación de capacidades en los emprendedores, así como las condiciones externas necesarias para que una idea de negocio se convierta en una realidad sostenible.

Pero, puntualmente, qué encontramos en el último año referente a políticas públicas y emprendimiento. Algunas apuestas valen la pena ser analizadas y visibilizadas.

Colombia es un ejemplo de los diversos retos que enfrenta la región en materia de emprendimiento. A lo largo y ancho de nuestros países, hay condiciones limitadas y barreras en el ecosistema emprendedor que restringen la creación, sostenibilidad y crecimiento de emprendimientos generadores de ingresos y riqueza, que logren materializar aumentos en la productividad.

Las causas de esta problemática comprenden las insuficientes habilidades y competencias para el emprendimiento; pero en especial, el incipiente desarrollo de mecanismos de financiamiento y dificultades de acceso a activos productivos; las insuficientes redes y baja comercialización e internacionalización; el limitado desarrollo tecnológico y poca innovación; y la debilidad institucional en el apoyo al ecosistema emprendedor[1].

La política nacional de emprendimiento Colombia – 2020 a 2025

Aprobada por Colombia el pasado 30 de noviembre de 2020, esta nueva política pública tiene como objetivo “generar condiciones habilitantes en el ecosistema emprendedor para la creación, sostenibilidad y crecimiento de emprendimientos que contribuyan a la generación de ingresos, riqueza y aumentos en la productividad e internacionalización de las empresas del país”[2].

En tal medida, buscará generar impactos en el mediano y largo plazo durante los próximos cinco años; dentro de los que se pueden destacar la búsqueda para lograr “aumentar el porcentaje de negocios creados por oportunidad, la financiación de todas las etapas del negocio, y mejorar la posición del país dentro de la región en el ranking de la Asociación Latinoamericana de Capital Privado y Capital Emprendedor (LAVCA) donde actualmente se ubica en el cuarto lugar”[3].

De igual forma, se establecen metas que buscarán el desarrollo de habilidades y fomento de una cultura emprendedora, el mejoramiento en el acceso y la sofisticación de mecanismos de financiamiento para apoyar a los emprendimientos en sus diferentes etapas, el fortalecimiento de las redes y las estrategias de comercialización para facilitar el intercambio de experiencias, acceso a mercados, el desarrollo tecnológico y la innovación.

¿Qué nos dice la política sobre el financiamiento?

Ya sea en una etapa temprana, de crecimiento o consolidación buscar apoyo en la banca comercial es una tarea titánica. Las causas de esta situación son múltiples, pero podemos resaltar: el bajo historial crediticio, la falta de garantías para ofertar a la banca, así como la falta de capacidad para generar estados financieros en etapas tempranas. “En 2019, en Colombia tan solo 1 de cada 20 créditos otorgados fue para personas sin experiencia crediticia previa”[4], lo que conllevó a que el 70 % de los emprendimientos obtuvieran financiación de recursos propios, ahorros o familiares cercanos.

Así mismo, otra de las causas del inadecuado financiamiento es la naturaleza propia de los emprendimientos que hace que su perfil de riesgo no se ajuste a los requerimientos de la banca tradicional. En particular, los emprendimientos son altamente riesgosos, carecen de capital inicial, capital humano y su valoración del riesgo es difícil, entre otras por la falta de innovación.

Por lo anterior, se enuncian, estrategias en torno a la formación de nuevos gestores de inversión ángel, nuevas formas de medición de riesgo, financiación de capital semilla y fondos de capital emprendedor.

Pero solo es posible si la política logra crear las condiciones habilitantes para que el sistema emprendedor logre conectar sus diferentes dimensiones de manera articulada y fluida. Instituciones públicas y privadas, así como el empresariado, la academia y la sociedad deben sumarse a la apuesta por convertir el emprendimiento en un verdadero motor de desarrollo social y económico.

El paso inicial, valorizar al emprendedor, consumir sus bienes y servicios; y de parte del emprendedor, comprender que debe ir abriéndose paso dentro del mismo ecosistema, esto, desde la cualificación de sus propias capacidades y las de su negocio, y en especial, apropiarse y hacerse parte de las implementaciones y oportunidades que brindan este tipo de políticas públicas.

Consulte la política pública completa aquí:https://www.linkedin.com/embeds/publishingEmbed.html?articleId=8645372578449901280

[1] Ver. https://colaboracion.dnp.gov.co/CDT/Conpes/Econ%C3%B3micos/4011.pdf

[2] Ver. https://colaboracion.dnp.gov.co/CDT/Conpes/Econ%C3%B3micos/4011.pdf

[3] Ver. https://colaboracion.dnp.gov.co/CDT/Conpes/Econ%C3%B3micos/4011.pdf

[4] Ver. https://innpulsacolombia.com/innformate/aprobada-la-politica-nacional-de-emprendimiento