«Histéresis económica por Covid-19»

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El 2020 fue un año que quedará en la historia como el año del coronavirus. Una pandemia que al igual que la gripa española al inicio del siglo XX, o la peste negra en el siglo XIV pusieron en máximos de incertidumbre la sobrevivencia de las sociedades humanas. Hoy en día, la apuesta por la vacuna permite ver una salida epidemiológica en el mediano plazo, sin embargo, es muy probable que el 2021 siga acompañado del descubrimiento, prueba y error, de soluciones que puedan controlar definitivamente los brotes y mortalidad del virus.

Para el cierre de año se estima un total de 75.096.337 millones de personas contagiadas por covid 19; alcanzando una lamentable cifra de 1.665.211 personas fallecidas alrededor del mundo[1]. Las grandes potencias económicas como Estados Unidos e India encabezan aún el número de casos activos. El resultado de esto es que la incertidumbre se mantiene en varios escenarios, el económico, el epidemiológico y el manejo social y cultural que ha ido normalizando el virus, en una especie de conciliación con la necesidad de seguir trabajando o estudiando, aceptando el riesgo, e incluso a veces queriendo ignorarlo.

Es por esto, que quisiera resaltar que estamos frente a una alerta mundial, donde debemos poner énfasis en la generación de empleo y formalización empresarial. Con relación a quienes inician su vida laboral en tiempos de debacle económico y social, se verán enfrentados a “sufrir un mayor riesgo de desempleo e infra empleo, que afectará directamente su calidad de vida. Esa caída transitoria de ingresos tiene una alta probabilidad de tener efectos permanentes»[2]. En otras palabras, el riesgo está en no poder equilibrar condiciones de trabajo adecuadas, incluso después de terminada la pandemia.

En cuanto al emprendimiento que conlleve a la formalización empresarial, el reto está en establecer unidades de negocio que logren subsanar la demanda de bienes y servicios, en el marco de la actual problemática. Esto, sumado a la importancia de no sofocar la incubación de la idea, con el peso de la subsistencia misma del emprendedor. Se evidencian muchas iniciativas con ideas, no acordes a las necesidades del mercado actual.

Ambas situaciones, conllevan frecuentemente al desempleo y el fracaso del negocio respectivamente. Las crisis desaparecen, pero los daños permanecen para millones de personas alrededor del mundo. Problemas psicológicos y la imposibilidad de lograr cumplir las expectativas de tener una vivienda, una familia, un vehículo, entre otras, configuran generaciones completas, que pueden estar avocadas a la desesperanza.

Estos escenarios han sido estudiadas, por ejemplo, por los académicos Hannes Schwandt y Till M. von Wachter (Northwestern University y Universidad de UCLA, EEUU) quienes establecen, en un estudio reciente, a través de registros estadísticos de EEUU las condiciones de vida de cuatro millones de estadounidenses que saltaron al mercado laboral durante la crisis de 1982[3]. Los resultados: baja remuneración, depresión, ansiedad, imposibilidad de formar una familia, entre otros, derivado de las situaciones macroeconómicas. Condiciones que los acompañaron hasta el final de sus vidas.

La histéresis, es decir, la permanencia del daño, pese a la terminación de la causas, es el principal punto para reflexionar, controlar y mitigar, una vez se empiece a dar el control epidemiológico del virus. 12, 15 o 24 meses de crisis, pueden acompañar a millones de personas el resto de su vida.

Vale la pena recalcar, que los problemas de desempleo y fracaso de los emprendimientos ya eran muy altos, antes de la pandemia. En Europa la tercerización laboral, en Latinoamérica la informalidad, y en Asia la precarización salarial, por citar algunos ejemplos, ya estaban configurando una histéresis económica, en especial para las nuevas generaciones.

La salida entonces, nada fácil, es trabajar por la regulación de políticas de empleo dignas, donde la apertura al teletrabajo, la virtualización de procesos y digitalización del mundo empresarial en general, constituyen un pretexto coyuntural sin precedentes para poder forjar una nueva realidad laboral. De igual forma, el emprendimiento necesita fomento desde la política pública, para forjar ecosistemas que acompañen y hagan sostenibles las unidades de negocio.

Sin embargo, considero que lo más importante en el corto plazo, es mantener la empatía hacia el otro. A quienes brindan empleo, a quienes lo tienen o lo están buscando. A aquellos que hoy comercializan sus primeros productos, a los que les contratan su servicio por primera vez; debemos ser conscientes de la responsabilidad social que tienen todas y cada una de nuestras acciones frente al otro, para así bajo el marco de la corresponsabilidad, forjar una sociedad que en conjunto supere la histéresis de décadas, detonada por el coronavirus.

[1] Ver. https://coronavirus.jhu.edu/map.html

[2] Ver. https://www.bbc.com/mundo/noticias-55274903

[3] Ver. https://www.bbc.com/mundo/noticias-55274903